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jueves, 7 de julio de 2016

Los 6 mejores 'hochos' callejeros de Nueva York


Los mejores hot dogs en Nueva York aquí están a bajo precio, muy saciantes, fáciles y rápidos de comer en cualquier lugar… y, ¡deliciosos!

Es prácticamente imposible que un visitante de la Gran Manzana (incluso las celebridades y mandatarios extranjeros) ¡se vaya de Nueva York sin probar unos cuantos!.


En Nueva York, suelen complementarse con mostaza, cebolla, pepinillos o incluso chucrut.

El hot-dog en Nueva York

Los primeros perritos calientes llegaron a Nueva York allá por el año 1860, cuando los inmigrantes alemanes comenzaron a comercializarlos en el año 1867, el primer puesto de perritos calientes abrió en Coney Island convirtiéndose en un local de éxito inmediatamente en Nueva York.

6 locales imprescindibles 
de hot-dog

Good to go Organics (G2G): 

Se trata de unos carros de comida callejera pero con la diferencia de que su comida está hecha a la parrilla, donde destacan sus perritos calientes orgánicos (con una selección de ternera, pavo, pollo o de soya) con una selección de toppings producidos por agricultores locales (de ahí su nombre comercial). Además de cubiertas hechas de ingredientes producidos por los agricultores locales. Si estás de visita por Central Park, es fácil que des con alguno de los 2 carritos de comida que tienen allí.


Katz’s: 

Se trata de un punto de referencia de delicatessen ubicado en el Lower East Side, el cual es especialmente conocido por sus sandwiches de pastrami tamaño XXL, pero además también sirven enormes perritos calientes a la plancha al más puro estilo neoyorkino. Se encuentra en el 205 East Houston Street (esquina con Ludlow St.) y, si te quedas con hambre, no te vayas de allí sin probar alguno de sus deliciosos postres… ¡ahí queda el reto!.

CRIF Dogs: 

Ofrece unas espectaculares combinaciones creativas de perritos fritos o a la parrilla, como por ejemplo el llamado ‘Tsunami’ (envueltos en tocino con salsa teriyaki, piña y cebolla verde) o el ‘Jon-Jon Deragon’, con crema de queso, cebolla y una mezcla de semillas servido en pan Bagel.

Nathan’s Famous: 

Este local de comida en Nueva York es toda una institución en Coney Island, ya que lleva sirviendo perritos calientes desde nada menos que el año 1916. Sus papas fritas con corte ondulado y su limonada son un regalo para los amantes de la comida rápida, por lo que bien vale la pena hacer una excursión hasta el 1310 Surf Avenue en Coney Island (Brooklyn).

Como acompañamiento, puedes elegir entre unas patatas fritas con chili o un batido de leche, entre otros curiosos acompañamientos. Si estás por Manhattan, podrás degustarlo en el East Village (113 St. Mark’s Place).

Bark Hot Dogs: 

Un largo camino de los carros de comida de antaño, de este punto en el aclamado halcones de Park Slope gastrónomo perros servido con unas coberturas caseras a la parrilla. Ahora cuenta con puestos de avanzada, tanto en el parque del puente de Brooklyn y la alta línea; el original se encuentra en la calle Bergen 474 en Park Slope, Brooklyn.


Gray’s Papaya: 

El nº1 es para el que, posiblemente, sea el rey en la city, un pequeño local ubicado en Broadway Ave. y la 72 St., donde sirven unos riquísimos hot-dogs acompañados de su afamado jugo de papaya. 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Navidad en Nueva York, sí es navidad


Toma tu abrigo, tu bufanda y tu gorro, porque, igual que millones de turistas, vamos de paseo a Nueva York en Navidad. Las vitrinas de Bergdorf y Barneys, la gigantesca estrella en la calle 57 y la Quinta Avenida, Cartier envuelto en una cinta roja que cubre sus cinco pisos, los hoteles Península y el Plaza adornados exquisitamente.


Los papanoeles, los patinadores en Central Park, los pinos iluminados en Park Avenue, todo es parte de una escena conocida para cualquier persona en cualquier lugar del mundo, aunque jamás haya puesto un pie en Manhattan.

Movida, Frenética, caótica, desquiciante, sucia, ruidosa, congestionada y llena de gente. Pero así mismo imponente, tolerante, luminosa bella y con la virtud de probarlo y hacerlo todo, a cualquier hora del día y de la noche.

No hay una ciudad más excitante y glamorosa durante las fiestas de fin año. Desde Madison al SoHo, elegantes mujeres en pieles acarrean bolsas de Prada, Vuitton y Tiffany, regalos de última hora que serán instalados rápidamente bajo el árbol y junto a la chimenea para que todo esté listo la mañana del 25 de diciembre.



En F.A.O Schwartz, la juguetería más elegante del mundo, porteros perfectamente uniformados en rojo y negroabren la puertas a miles de niños que entran corriendo a admirar jirafas de peluche de tamaño natural o la última versión de Barbie.

Después de la visita, un chocolate caliente en “Serendipity”, el célebre salón de té que era el favorito de Andy Warhol, y luego bombones y caramelos en “Dylan’s Candy Bar”, la fabulosa dulcería de Dylan Lauren, hija de Ralph Lauren, en Lexington Avenue.

En Harlem, abuelas impecablemente vestidas en rosado o coral asisten a una misa que, más que misa, parece un concierto de gospel y blues.


En Battery Park, niños de kinder pasan la tarde armando hombres de nieve con narices de zanahoria, mientras a pocas cuadras de distancia, en Wall Street, algún afortunado corredor de la bolsa llama a su mujer en Connecticut para avisarle que sí, que esta Navidad su muy controvertido bono será suficiente para un nuevo Maserati.



Secretarias y oficinistas corren de Union Square al Time Warner Center buscando el perfecto regalo para su madre, su esposo o su hija. Bufandas y sweaters vuelan de las repisas de The Gap y J. Crew. ¿Un collar de fantasía?, ¿un pijama de franela?, ¿otro iPod?.
 
La lista parece eterna y el tiempo tan escaso, piensan los compradores, mientras en St. John the Divine, el templo gótico más grande del mundo, comienzan a sentirse los primeros acordes del Ave María y el ensayo del coro.


El Radio City Music Hall es un alboroto insoportable, con cientos de turistas ansiosos y desesperados por conseguir entradas para su famoso “Christmas Spectacular”, donde las “rockettes” aparecen levantando las piernas hasta el cielo y sosteniendo en la cabeza enormes tocados como cuernos de ciervo.



En el Lincoln Center, otra multitud. Pero ésta es mucho más civilizada, mucho más “uptown”; madres que arrastran en un brazo sus carteras de Hermès y en el otro a sus pequeñas hijas envueltas en adorables abriguitos de cashmere azul comprados el invierno pasado en alguna boutique de París. 

“¡Apúrese, apúrese!”, dice la madre, “que el show ya va a comenzar”. Y la niña, observando maravillada la fuente repleta de luces, corre para no perderse un minuto del “Cascanueces” del American Ballet Theater.



En el “Monkey Bar”, el muy de moda restaurante de Graydon Carter, un ejército de meseros se viste en su uniforme de pantalones negros y camisa blanca.

Uno de ellos alega que su vida es un desastre, que cómo es posible que después de tres años en la ciudad todavía pase la Nochebuena sirviendo “steak and frites” a desconocidos. Otro mesero no puede dejar de sonreír pensando en que, quizás, ésta es su noche de suerte; la noche en que será

Una de las épocas del año más especiales para descubrir Nueva York son las fiestas navideñas. A pesar del frío, la Gran Manzana se viste con sus mejores galas para celebrar a lo largo de poco más de un mes la Navidad. 

Luces que iluminan cada rincón, escaparates que incitan a las compras y una oferta cultural, lúdica y festiva inacabable atraen cada año a miles de personas, convirtiendo la ciudad en la capital de estas fiestas.



Cada año, la ceremonia de encendido de las luces del árbol de Navidad del Rockefeller Center da el pistoletazo de salida a las celebraciones navideñas en Nueva York. En esta ocasión, el gobernador del estado pulsará el botón la tarde del 30 de noviembre y, al momento, se iluminarán las 30.000 bombillas de bajo consumo que envuelven sus más de 25 metros de alto, junto con la magnífica estrella de cristal de Swarovski de 3 metros de diámetro y 250 kilos que lo corona.



Pero el del Rockefeller Center no es el único árbol de Navidad en Manhattan.

Entre las calles 40 y 42 y la 5ª y la 6ª Avenida, justo detrás de la Biblioteca, está Bryant Park, donde, además de un abeto iluminado, también se puede patinar sobre hielo (y gratis) y cada año se instala un mercadillo navideño.


Una vez más, en el área de Lincoln Square se instala otro abeto iluminado, aunque de menores dimensiones. Y para los que quieran huir de las aglomeraciones de patinadores sobre hielo, en Manhattan hay otras pistas. 

Algunas, con el marco incomparable de Central Park, como el Wollman Rink o el Lasker Rink. Otros, en un ambiente más urbanita, como el del Riverbank State Park en Henry Hudson Parkway, entre las calles 138 y 145 Oeste o el Sky Rink en los muelles de Chelsea.



El 25 de diciembre, día de Navidad, la bulliciosa gran manzana se convierte en una ciudad desierta. Los establecimientos cierran sus puertas, las calles se vacían… es el momento de celebrar con la familia. 

El viajero encontrará en este día una oportunidad maravillosa para recorrer las calles desiertas y poder fotografiar sin dificultades algunos de los principales lugares destacables de Nueva York. 

Sin duda será una extraña experiencia, casi apocalíptica.

Por Marco Daniel Guzmán
Comentarista de Turismo Mundial. 
Dedicado a reseñar destinos e industria turística

miércoles, 13 de marzo de 2013

24 horas en Nueva York en unos minutos by: Concierge

Que buen recorrido en la urbe de hierro!
Todos podemos recorrer 24 horas Nueva York en solo 5 minutos, nos sorprende una vez más con esto el conocido sitio de viajes: concierge.com  ¿¿Que maravilla no???

Escríbenos: viajabonito@gmail.com
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